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La cooperación en ciencia, en el inicio del siglo XX,
obedeció en gran medida a las aspiraciones
universalistas de los científicos del siglo XIX, que la
veían como de dominio y ejercicio universales. Según esa
vertiente, los descubrimientos en el ámbito de
conocimiento formal deberían estar a disposición de los
investigadores en todas las partes del planeta, y la
noción de "ciencia nacional" debería ser progresivamente
substituida por la idea de una "comunidad de sabios".
Ese universalismo fue, no en tanto, relativizado por los
intereses nacionales específicos de cada país.
Con la emergencia de un nuevo orden mundial, la
cooperación internacional debe ser regida por el
objetivo de dotar las universidades, los centros de
investigación y las empresas privadas de la
sofisticación, especialización y competitividad
requeridas por la nueva economía mundial. En ese
sentido, los centros de investigación y las empresas se
empeñan en tener acceso a las tecnologías más avanzadas,
a fin de mantener su competitividad en el plano
internacional.
Actualmente, la cooperación científica y tecnológica
internacional es uno de los temas más relevantes en el
escenario mundial, en especial en lo que se refiere al
acceso por parte de los países en desarrollo a las
formas más sofisticadas del conocimiento humano en el
campo tecnológico, incluso a las tecnologías de punta,
que constituyen punto fundamental para el crecimiento y
el progreso de esos países. En el caso brasileño, el
país viene desarrollando un parque tecnológico
apreciable, que se ha beneficiado también de la
iniciativa de cooperación científica y tecnológica.
Acortar las distancias entre los actores que operan en
el contexto científico-tecnológico representa cambio
significativo, una vez que, hasta hace poco, la atención
de los centros de investigación y agencias
gubernamentales se dirigía preponderantemente para la
ciencia básica. En los últimos años, se ha difundido el
concepto de ciencia y tecnología "económicamente
orientados".
En la fase actual de la ciencia y tecnología en Brasil,
el énfasis de la política exterior brasileña se orienta
de acuerdo con dos líneas de actuación: 1) la de las
áreas punta, inductoras de transformación tecnológica,
como informática (incluso telemática y automatización),
biotecnológica, nuevos materiales, tecnología espacial e
ingeniería de precisión; y 2) la mejora de tecnologías
con impacto social directo, como educación, salud
pública, saneamiento básico, desarrollo urbano y
regional, seguridad civil, alimentos, nutrición, medio
ambiente, energía y transportes.
Cuanto a este último grupo de sectores (tecnologías de
impacto social), se debe tomar en consideración el hecho
de que su desarrollo es importante no sólo con vistas a
la mejora de las condiciones sociales del país, sino
también, como pré-requisito para el desarrollo de los
sectores de punta. La falta de educación básica, por
ejemplo, ha sido apuntada como una de las más graves
limitaciones al desarrollo generalizado de empresas
característicamente de base tecnológica avanzada, lo que
las obliga a incurrir en gastos crecientes con la
capacitación de su personal.
Las consideraciones apuntadas se reflejan también en las
iniciativas multilaterales en curso en el continente.
Así, en el Mercosur no se buscó apenas la creación de
una unión aduanera entre el Brasil y sus vecinos, sino
también la generación de condiciones para alcanzar un
nivel de desarrollo semejante para todos los socios, a
través de la cooperación y de la transferencia de
tecnología. En el Tratado de Cooperación Amazónica fue
establecida la Comisión Especial de Ciencia y Tecnología
con objetivos semejantes. De la misma forma, la
asociación del Brasil con países desarrollados y en
desarrollo en proyectos bilaterales como los de las
industrias aeroespaciales y la aeronáutica han
representado avances significativos de transferencia de
tecnología. |
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